miércoles, 28 de septiembre de 2011

Hasta aquí.

Basta ya, me dije mientras terminaba de fregar los platos de la comida. Llevo treinta y cinco años haciendo lo mismo, con la abnegada dedicación de una mujer resignada a su destino.
He criado tres hijos, los cuales están en edad de encontrar su propio camino y que hace mucho, pero mucho tiempo, me ven como una figura ornamental más de la decoración de la casa, salvo cuando tienen hambre o quieren que les lave o les planche alguna ropa en especial.
Y que decir de mi marido, el cual lleva años sumido en una crisis existencial, queriendo demostrar a cada momento su virilidad, excepto en la cama, donde se desploma como un coco al caer de una palmera. Emitiendo esos molestos gruñidos provocados por el tabaco y el exceso de colesterol.
Y es que, debí hacerle caso a mi padre que me decía que estudiara, para que fuera independiente. Pero yo, quería tener familia, una bonita y amplia familia, sin pensar que con los años nadie repararía en mi, salvo la televisión, con la cual a veces me sorprendo teniendo animadas conversaciones.
Por eso, hasta aquí llega mi sumisión y estos son los últimos platos que friego, por lo menos hasta dentro de 21 día, que es lo que dura el crucero en el que me voy a dar, mis merecidas y tardías vacaciones.
 Les he dejado comida preparada para dos semanas y bastante charcutería, además de alguna que otra cosa congelada en la nevera acompañada de una nota que dice:
"Mamá se ha ido de crucero por el Caribe, guardad vuestras protestas para cuando yo regrese.
 En la nevera, hay comida para varios días y en el cuarto de la plancha ropa limpia.
Cuidaros y desearme feliz travesía.
Un beso.Os quiere mamá."

La daga pensante.

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