martes, 27 de diciembre de 2011

Amelia.

La noche se arrodillaba a sus pies, como fiel sumisa de su mirada.
El recuerdo de siglos pasados, cubría la soledad de su alma y hasta el hechicero miedo, reverenciaba su sombra.
Nadie sabe cuantos siglos ha vivido, ni cuantas almas ha destrozado con su belleza.
Pero cuentan, que hasta el mismo señor de las tinieblas rindió culto a su presencia, entregándole la inmortalidad como forma de pago a su gélida sonrisa.
Amelia, Amelia susurra el silencio vacío de un corazón ausente. En su andar no asoma la piedad, ni en sus palabras el consuelo.
Dios la evita y el diablo la agasaja, mientras la humanidad sigue su curso ausente de una realidad de siglos que se mecen entre la penumbra y el misterio.
Pocos son sabedores de su presencia.
Pocos se atreven a mencionar su nombre, sin que un sugestivo escalofrío les recorra el cuerpo.
Mientras ella, vaga entre mortales sin latidos en el corazón y una herida en el sentimiento.

Noche de primavera siglo III.
El hombre vivía adorando la cruz, defendiendo la cruz, conquistando por la cruz.
La joven Amelia, soñaba con noches iluminadas de pasión y ternura junto a su amado.
Su mundo los tulipanes y el hermoso valle de Hart, donde la vida era apacible y tranquila.
La llamada de Dios, se apoderó de su alegría y su amado partió en nombre de la cruz a tierras lejanas.
Años aguardó la bella Amelia, años de esperanzas que fueron arrebatados al escuchar el lamento escrito por su amado: "Dios, me ha dado la espalda Cara Amelia. Muero en agónico sufrimiento. Las almas que he arrebatado, me torturan en la noche. Adiós amor mío."
Amelia con sangrientas lágrimas, atravesó su corazón con el filo de una daga, pero tal era su dolor, que su corazón no le sangró ni la vida escapó.
Se le heló la mirada haciéndole más bello el rostro.
Su sonrisa se volvió atractiva, pero vacía.
Y su cuerpo, un magnético embrujo para los hombres de fe, que mueren al conocerla mientras ella busca su fría venganza en la oscuridad de la sumisa noche.
Año tras año, siglo tras siglo, alma tras alma.

La daga pensante.

martes, 20 de diciembre de 2011

Un descuido, una esperanza.

Pedrito era un niño de seis años, nacido en Managua, Nicaragua. Cada mañana, sus inocentes ojos veían la luz del día a la misma hora, no porque el pequeño Pedrito tuviese un bonito y molesto despertador, sino porque sus inmaduras tripitas, le solían hacer un ruido gracioso producto de la poca ingesta de comida.
El pequeño, lo primero que hacia al despertarse era besar a su virgencita, pidiéndole que le diera mucha salud a su mamá, que estaba cuidando a un niño pequeñito como él allá en el norte. Después se aseaba su linda e infantil carita y corría al encuentro de su abuelita.
Su abuelita siempre recibía a Pedrito con un sonriente :
-Buenos días mi angelito, como ha dormido usted.
-Bien abuela, aunque tengo un poco de hambre, ¿tenemos algo para desayunar?.
-Si mi niño.- le respondía su dulce abuela, a la cual le gustaba sorprenderlo con algún humilde dulce casero.
Juntos se sentaban a la mesa, y también juntos le agradecían a Dios su existencia y los alimentos que comerían. Después la tierna abuela, le daba un beso al niño y este salía a entregarse a la mañana con una irregular realidad, y es que el pequeño, cada mañana se dirigía con su inocente y bella sonrisa a los vertederos donde recogía latas y algunos plásticos con los que ayudar a su longeva abuela.

Un día la fortuna sonrió al pequeño. Este revolviendo y rebuscando en la infecciosa y maloliente basura, encontró una cartera repleta de billetes verdes.
Al observar el descubrimiento, el pequeño Pedrito, salió corriendo como ángel que lleva el viento. Llegó a casa y con la fuerza provocada por la alegría y la adrenalina, empezó a gritar:
-Abuela, abuela, mira lo que encontré.
-¿Qué ocurre ángel mío?
-Abuela, he encontrado esta cartera repletita de dinero.
La abuela miró al niño, y con dulzura, cogió la cartera que Pedrito llevaba en las manos, y sin dudarlo le dijo con gesto serio:
-Ángel mio, este dinero no nos pertenece. No es de buen cristiano, tomar algo que no se ha ganado con el sudor de la frente, así que vamos a llevarla a la policía y que estos, se la devuelvan a su legitimo dueño.
Pedrito agarró la mano de su honrada abuela y juntos marcharon a la comisaría, donde dejaron a buen recaudo dicha cartera.
De regreso a casa, la abuelita, invitó a un helado al pequeño. Degustaban de la delicia helada, cuando de repente un camión saltó la mediana, impactando sobre el muro donde descansaba el niño.
Su abuelita gritaba desconsolada mientras algunos buenos samaritanos, lograron parar un coche y a la pronta carrera se dirigieron al hospital.
Yo terminaba mi turno de guardia en pediatría, cuando la policía, me hizo entrega de mi extraviada cartera encontrada por un niño.
-Casualmente, es este niño que acaba de entrar en la camilla, quien la ha encontrado.- Me dijo el policía con gesto de asombro.
Mis ojos se detuvieron en sus pequeños ojos sin apenas vida. Me volví a enfundar en mi bata medica y grité:
-¡A quirófano!.
Aquella mañana, de manera irónica, un niño cambió su vida a través de una bella y honrada acción. Hoy el pequeño Pedrito cumple ocho años, feliz en compañía de su dulce abuela, su mamita y de este médico despistado que entre su basura, dejó su cartera repleta de billetes verdes.

La daga pensante.

martes, 13 de diciembre de 2011

Reflejos.

Espejos, vivimos rodeados de espejos, convertidos en horas, días, calles, maestros, políticos, diseñadores, religión.
Somos la imagen difuminada de muchas imagenes, perdidas en una gama de ideas sin matices ni colores.
Ya no existe el yo, ni el pensamiento propio, solo reflejos en espejos que se disfrazan de actualidad y cotidianidad.
Ya no alumbra el sol, en su lugar, ha quedado un reflejado eco de luz.
La luna ha dejado de ser complice de los poetas, porque ahora la musa se llama Internet.
El romanticismo, vaga en hordas páginas virtuales al igual que el olor de las rosas.
No hay imagen, sino reflejos.

Todos hemos sido seducidos por el frío cristal, incapaces de escapar de este mundo rodeado de espejos, que nos atrapa y nos induce a ser igual que él, aquel, ellos.
Alejándonos de la propia conciencia, e invitándonos a devorar la vida y despreciar los años. Convirtiéndonos así, en inmerecidos amantes de lo bello. Porque hasta lo bello, se ha convertido en un efímero recuerdo para aquellos, que se aferran a ser distintos a la marabunda de seres mecánicos atrapados en espejos, que viven felices siendo igual que él, aquel, ellos.

La daga pensante.

Como en un tango de Gardel.

Como en un tango de Gardel, nuestro amor vivió.
Con la pasión desenfrenada y la ilusión ardiente, nos devorabamos con el pensamiento, mientras nos amábamos con dulces caricias.
Bailábamos al ritmo de una luz tenue, sin más compás que las emociones, unas veces intensas, otras tiernas.
Me dejaba por ti llevar, aun cuando yo manipulaba con hilvanadas palabras tu vida, y tu, fingías ese varonil instinto dominante dándole así, mas sentido a nuestra fantasía.
Y sin atrapar el recuerdo, ni almacenar la ilusión, devoramos nuestra relación cuando más nos hizo falta, y de hambre se murió nuestro amor.

Como en un tango de Gardel, vago por mi nostalgia, llorandote, saciando mi sed de amar en ese escondido rincón donde duerme el fracaso y se oculta el valor.
Valor de empezar la vida sin ti, sin tu pasión, sin el sabor de tu sonrisa, de ese abrazo que se durmió en el tiempo, y que aún siento yo.
Como en un tango de Gardel, desgarré mi alma al compás de su voz.

La daga pensante.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Julietta.

Tacones de aguja, sonrisa fingida, Channeles que adornan su cuerpo vacío.
Cartier que acompaña el tic-tac de sus horas.
Champan en la mesa y un cigarrillo que espera.
Postura perfecta, mirada felina deslumbrando la noche y su trastienda.
Así es Julietta.
Cincelada ladrona de llenas cartera y vacías conciencias.
En su mente una meta, un feroz apetito, maestra de amores, esclava del vino.

Cual sola se encuentra su alma vacía, mientras su mente ambiciona pisar alfombras y fiestas.
Un yate que atraca, un mercedes se acerca, prepotentes palabras y un destino que espera.
Le sonríe la vida, el dinero la desea.
Y ella cual fiel sumisa, con la complicidad del diablo trampea.
Extraño camino, su corazón se rebela, y en tierra de nadie hoy se encuentra Julietta.
Ya no hay tacones de aguja, ni champan en la mesa.
Se le escapó la fingida sonrisa y la postura perfecta.
El umbral de los años corona su belleza, las arrugas dominan a la perfecta Julietta.
El recuerdo es un eco, la nostalgia un anhelo de aquellos años vividos y cigarrillos que esperan.

La daga pensante.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El barquero.

Cada día el barquero cruza el río del olvido, trasladando consigo, su proscrita carga de almas derrotadas, sumidas en la agonía de vivir una infesta eternidad.
A cada milla se oye el lamento espiritual del coro, voces apagadas por el pecado carnal de vivir lejos de la palabra de Dios.
En cada viaje el silencio se apodera del eterno servidor, el más leal guardián, que con sumisa responsabilidad acepta cruzar el río del olvido, adentrándose en los confines del infierno, llevando consigo a condenados moradores de la lujuria, la codicia y el odio.
Sin rostros para el recuerdo, pero con nombres de vidas pasadas.
Algunos anhelan el arrepentimiento, otros simplemente desean vivir en la misma pecaminosa existencia.
Y él, el barquero, siente que cada vez su carga es más pesada arrancándose las lógicas preguntas.

¿Que sucede entre mi señor y los mortales?
¿Hacia donde camina la humanidad?
¿Son ellos los condenados, o estas almas que surcan el río del olvido?
¿Soy el guardián del bien, o simplemente separo la conciencia de la inconsciencia?
¿Tendrá Dios sitio para tantas almas rotas?
Cada día, el barquero cruza el río del olvido, llevándose consigo lo inmoral, lo inhumano, lo proscrito, mientras su corazón en silencio se pregunta si algún día la humanidad, vivirá sin sus servicios.

La daga pensante

Melancolía.

Cada noche mi tristeza se funde con un viejo piano, acompañando a rostros que aderezan su tiempo con cigarrillos y conversaciones vacías.
Cada noche, mi dolor arrebata a la melancolía un lamento convertido en melodía con la que armonizar el desvelo alcoholizado de aquellos que se entregan al delirio de la noche, amantes inconscientes de la profusa ironía. Sonrien, se acarician con la mirada, se mienten en cada beso componiendo un falso cortejo sin latido ni corazón, haciendo que aumente mi envidiosa angustia.
Como quisiera ser como ellos, embriagar a mis sentidos con oscuros tragos de olvido y despertar esa diabólica parte que oculta todo ser, convirtiendome en un convulsivo depredador de bellos rostros sin alma.

Pero no puedo, estás tan dentro de mi que te has fundido en mis venas, mis arterias, mi corazón.
Vivo sólo para recordarte en sonetos arrebatados a la nostalgia, que armonizan el espacio y el momento del beso frío, hechicero, depredador.
Cada noche me fundo con mi viejo piano, anhelando romper algun dia este magnetismo que me ata a ti a través de su embriagadora melodía.
Ya no recuerdo tu rostro, ni tan siquiera tu nombre. No se si nuestro amor fue furtivo o se dilató en el tiempo, pero me dejaste profundas huellas grabadas en el deseo, las cuales no he podido borrar y que cada noche se hacen más profundas al fundir mi nostalgia con este viejo piano.

La daga pensante.

martes, 29 de noviembre de 2011

Cercana distancia.

¿Como podré ver la vida si me falta, el color de tu amor?.
¿Como podré vivir si mi corazón, se ha marchado en busca de tus besos?.
Me has dejado vacía, con la razón perdida, vagando entre lo imposible y el milagro.
Cada día que pasa, es una esperanza que muere cual estrella.
Cada amanecer, un reflejo del ayer convertido en recuerdo.
Y tú tan lejos, viviendo, mientras  yo me bato entre el olvido y el no puedo.
¿Por qué es tan dañino el amor, y amargo el desconsuelo?

No puedo olvidarte por más que lo intento, parezco una presa condenada a la inocente tortura de buscarte en aquellas ropas tuyas olvidadas, saciando mi alma con el sabor de tu fragancia.
Te llamo en pensamientos, pero no me escuchas, no sientes lo que yo siento. Y lo comprendo, pero no lo entiendo.
Encerrando en mi la caprichosa esperanza, de tenerte a mi lado de nuevo.
¿Como podré sonreirle a la vida, si hasta mi sonrisa ha ido a tu encuentro?

La daga pensante.

La guardiana de los mortales.

LLevo toda la eternidad cuidando al hombre , del hombre.
He pasado mi inmortal vida, desterrando la avaricia y la codicia convertidas en depredadoras furtivas.
He combatido al lado de Dios, enfrentada al diablo y  sus intenciones de conquista.
He visto crecer a la humanidad, convirtiendo sueños en realidades. Pero también verdades en mentiras, y mentiras en parte de su historia.
Amo lo que soy, pero ya no tanto lo que represento. Con el paso de los siglos, mis ojos han observado con tristeza, como ya no es la religión la que guía al hombre, sino el frío ego mortal quien manipula las palabras de Dios.
Como los niños viven en un mundo cada vez más inseguro y muy alejados de la inocencia, residiendos algunos en tierras prohibidas de nombres vertederos. Como mueren de hambre mientras unos pocos, sacian sus ojos con propiedades y riquezas.
¿A quien defiendo y por qué?

Me pregunto ahora cual es la razón de mi inmortal misión.
Que ha sido del modesto humano que pensando y anhelando, descubrió el fuego y evitó pandemias.
Siglo tras siglo algo en mi muere.
Quizás sea la fe o la conciencia, de ayudar al humano y su futuro.
Quizás sean las ganas de ya no vivir enfrentada al diablo, reconociendo, que somos dos caras de una misma moneda.
O tal vez, que la pobreza no es un demonio, sino una realidad impuesta por la supremacía humana que no respeta ni sexo ni edad.
Siglo tras siglo, vivo condenada a sufrir en silencio, el desvariado sentido de proteger una raza de sus propias debilidades.

La daga pensante.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Despierta y lucha.

Sangraron mis sentimientos en la caprichosa idea de quererte.
Me arruiné por dentro convirtiéndome en una mendiga pasional.
Te supliqué mil veces una caricia ,mientras tú, sonreías al verme llorar.
Me mordí la voz, cuando mi dignidad pedía a gritos revelarse, desterré mi orgullo con desvariadas sin razones.
Me volví obsesa del sin sentido, cual adicta diciendo: "Sí, el me quiere. La culpa es mía. Soy intensa. Lo agobio. Comprendo sus arrebatos. Que más que a mí, es a él a quien le causan dolor".
Me creí fuerte y tú un ser débil, al que necesitaba proteger y justificar ante el mundo.
No veía sensibilidad en las lágrimas de mis padres, y no entendía porque, el caprichoso deseo de que te abandonara cuando era tuyo mi corazón.
"Toda pareja tiene momentos buenos y malos", le decía a mi hermana, que con compasiva mirada, veía coloreados mis ojos con la fuerza de un puño convertido en maltrato.
Ella callaba y desdibujaba con coloretes aquello que yo quería ocultar, me abrazaba como me abraza hoy.
Con la diferencia que hoy, abraza a un cuerpo que no late.Y que muy tarde comprendió, que el maltrato no forma parte del amor.

La daga pensante.

Una deuda, un angel y un deseo.

Tengo una deuda contigo Cupido, me he convertido en parte de ese coro ingrato de seres que han olvidado tú nombre, olvidando también, que fuiste tu quien me enseñó la ilusión de amar.
Inspirada en ti, escribía poesías que alzaba cual cometa al viento para que encontrasen su destino y volvieran en formas de apasionados besos.
Pero me olvidé de ti, al igual de cuan importante es tu misión en este mundo.
Cuentan los que te conocen que te sientes triste, derrotado, cansado de estamparte con esa pared gigantesca e inmensa que rodea en forma de muralla el universo del amor.

Que sientes que vivirás eternamente condenado, a sufrir la indiferencia de los humanos, que los poetas ya no se inspiran en tus historias narradas. Y los jóvenes prefieren enviar un tweet, antes que escribir perfumadas cartas.
Aceptaste con estoica resignación ver desaparecer al enamorado cantor, que a la sombra de la luna daba su serenata, o como las flores han perdido su lenguaje.
Tus inocentes ojos, han visto morir la ilusión de deshojar margaritas, buscando la respuesta acertada.
Ya nadie cincela corazones al aire, ni suspira desde el más profundo sentimiento.
El mundo ha cambiado viejo amigo, y el concepto de amar, ya no es el mismo.
La fría tristeza de vivir sin el hechizo del amor, se ha convertido en credo y religión.
Somos reflejo material, no espiritual.
Nos ganó la pereza y se durmió la ilusión.
Hemos abrazado la filosofía de querernos sin compromiso, deseando solo compartir instantes en vez de construir un paraíso fruto del deseo y la seducción.

La daga pensante.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Volar al infinito.

Como quisiera convertirme en águila y vivir en la cima más alta, lejos del dolor de un planeta que envejece sin alma.
Como quisiera alejarme del día a día, despojarme de esta coraza de acero que me sirve para que el maligno pensamiento no devore mi inocencia.
Despertar y desde mi altura observar la belleza de la tierra, sonreír y volar hasta el infinito sin tropezar con la duda y el acierto.

Como quisiera convertirme en águila, y no permitir que depredadores intenten cazarme con trampas convertidas en palabras.
Vivir aislada, a solas con mis pensamientos, sin ningún espacio para el oportunismo dañino del consejo innoble.
Ser mi voz y mi conciencia, mi imagen y mi reflejo.
Ser yo y nada más.
Solo eso deseo al desear convertirme en águila.

La daga pensante.

La ley de la sangre.

Mis abuelos decidieron abandonar su Puerto Rico natal, para hacer fortuna en una creciente Miami. Allí con esfuerzo y trabajo lograron abrir una frutería.
La corrupción en las calles de Miami, era algo normal en aquellos años, y la emigrante pareja aceptaba vivir pagando un  pequeño impuesto diario a luchar contra algo que ni el propio sistema podía detener.
Una tarde el encargado de cobrar, entró en la tienda en busca de la recaudación. Mi abuelo le explicó, que ese día no habían entrado clientes, que pasara al día siguiente y le pagaría el doble con intereses.
Aquel hombre, no creyó las palabras de mi abuelo y decidió escarmentar a la humilde pareja. Se dirigió hacia mi abuela, y la golpeó con fuerza en la cara mientras gritaba: -Dame el dinero.
Mi abuelo enfureció y se abalanzó en un heroico acto de suicidio, por salvar a su mujer de aquel mafioso, pero no llegó a tocarlo, recibió tres tiros y la vida se le acabó en un instante.
Mi padre tenia por aquel entonces dieciocho años, y tuvo que asumir la responsabilidad de ser el cabeza de familia. Su madre nunca se recuperó emocionalmente de ver morir a su marido ante sus ojos, cayendo en una profunda depresión.
Sus hijos intentaron buscar justicia en la justicia, pero pasaban los días y aquel hombre seguía campando a sus anchas por la barriada, así que decidieron tomar la misma por sus manos. Durante días los hermanos Perea llenaron las calles de violencia, limpiándolas de garrotistas y delincuentes. Asumiendo así el control de su comunidad.

Las personas les mostraban respeto, y solían hacerles pequeños regalos. Ellos a cambio, decidieron convertirse en una especie de árbitros que mantenían la tranquilidad en la comunidad, llegando a crear la organización de "los jóvenes del silencio".
Aquellos jóvenes se hicieron hombres, y con los años encontraron en la codicia y la avaricia una disyuntiva que rompería su código de actuación.
Mi padre no compartía el nuevo concepto de los jóvenes del silencio, decidió alejarse de sus hermanos y de la organización, comenzando una nueva vida en Brooklyn, donde abrió una tienda de frutas y verduras, formando las bases de su propia familia.
Un veinticuatro de agosto, recibió una carta de Miami, en la cual le decían que al pequeño de sus hermanos lo habían matado y el tío Juan estaba grave, que volviese.
Lloró, lloró mucho. Pero decidió no hacer nada, no era su mundo, no era su historia.
Pero por más que uno hulla del pasado, el pasado te termina atrapando y aquellos a los que el castigó, terminaron encontrándolo. Pusieron una bomba en los bajos de su coche, la bomba explotó pero con la persona equivocada dentro, matando a mi madre embarazada de gemelos.
Esta vez, el mayor de los Perea no lloró. Me fue a recoger al colegio y de allí viajamos a Miami, donde su ferocidad se convirtió en algo indescriptible, y su voluntad en pistola. Se alió con todo lo que un día rechazó.
Somos lo que somos, me repetía, cuando uno empieza el camino lo termina.
Y él lo terminó, murió a los sesenta y ocho años víctima de un cáncer. Y hoy yo he ocupado su lugar, dispuesto a seguir sus pasos, a no renunciar a nada, continuando día a día ejerciendo la ley de la sangre.

La daga pensante.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Más realidad que lágrimas.

Guardé en un lugar sin nombre la esperanza de volverte a ver.
Prohibí a mi corazón, el volverse a enamorar, y le insinué a mi mente que buscara en el juego de la seducción la manera de hacerle trampas a la vida, y ser yo quien dirigiese mi destino.
Me entregué a otros labios, me deje querer por otros brazos, amanecí en otras camas y gané en experiencia.
Ahora soy menos soñadora, más seductora, menos fantasiosa y más mujer.
Soy más diablo que ángel.

Ya no escucho el eco de mis sentimientos que me recordaban a cada instante tu nombre, he perdido el rastro de tu fragancia convertida en desairados deseos de tenerte.
Soy realidad y no lágrimas.
Preparada para abrir mi corazón consciente de que en la batalla y conquista del amor, puedo salir herida pero no derrotada.
Como aquel día que encerré en un lugar sin nombre, la esperanza de volverte a ver.

La daga pensante.

Las tres reinas.

Irónico reino el de la hipocresía, ese donde las personas pueden ocultar sus verdaderos sentimientos, convirtiéndose en maestros del engaño emocional.
Decir amar al prójimo, no es amarlo realmente. Recalca el dogma de la hipocresía.
Intentar ayudar al que ayuda merece, es una acción sin actos en el reino del egoísmo.
¿Porque dar lo que tenemos, si podemos calmar nuestra conciencia con las migajas de lo usado?
-Ser pobre no es una meta, y mirar hacia abajo da vértigo-. Dijo un día un filosofo de nombre clasista.
Saluda al mendigo y parecerás un buen hombre pero nada más, no vaya a ser que te lo tengas que llevar a casa. Eso sí, cuando lo saludes, pon una agradable sonrisa para que tus semejantes, no sus semejantes, vean que eres bondadoso.
-Habla desde la especulación, vive desde la especulación-. Replica a diario la señora envidia.-Nunca expreses el deseo, dejalo tan solo en un proyecto al tiempo. Vive observando lo que poseen los demás y obtenlo tu también. Este mundo es del que posee, no del que cede.

Codicia, envidia, hipocresia.
Irónicas reinas de la voluntad humana, dominan al que vive en un mundo mejor, creando diques al bondadoso pensamiento de ayudar al prójimo.
Un prójimo que ve como el mundo es cada vez más embudo, más inaccesible, más cruel. Soportando con estoica resignación la sonrisa fría, la palabra amable y las migajas donadas por los esclavos de las tres reinas.

La daga pensante.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Yolanda.

Por su sangre corría la esquina, ese divino lugar donde los sueños nacen en la pequeña Habana, y en su garganta el infinito convertido en voz.
Mestiza de raíces profundas, hija de africano y española, Yolanda, nació en un barrio donde la melodía saludaba al vendedor ambulante en forma de pregón, para convertirse en la seductora amiga del bailarín callejero.
Su padre músico percusionista, comprendió desde muy temprano que a su hija los dioses africanos, le habían bendecido con el don de la voz, pero, con un corazón débil.
¿Que hacer?, se decía, la vida del artista es difícil y quiero que crezca y viva con buena salud.
Tomó la decisión de que la niña no cantara, pero el destino se escribe mucho antes de que se dicte, y la joven mulata decidió regalarle su voz al mundo.
Un diecisiete de septiembre, con sus canciones como único equipaje y una estampita de la Caridad del Cobre, como compañía, emigro al país donde los sueños viven esperando una oportunidad.
Yolanda pisó Miami, y Miami, se rindió a su voz.

Y desde allí, su garganta le contó al mundo, en forma de melodía, el sentir del mestizaje. En sus canciones siempre estuvieron presentes sus dioses africanos, y el recuerdo a Canarias.
Y en su mente, el volver a ver a aquel viejo percusionista que no quería que ella cantara.
Su corazón se debilitaba mientras su voz se hacía más reina, más infinita, más bella.
Los médicos le aconsejaban viajar a New York, pero ella se negaba a abandonar la calle 8 en Miami, y sobre todo, a hablar en un idioma que no fuera el español.
Se encerró en sí misma y guardó su voz, se alejó del mundo y de su público. Le ganó la tristeza.
Pero cuentan, que un día escucho el sonar de un tambor y su voz regresó.
Cantó para pocos, o para casi nadie. Su voz era inmensamente bella, cantaba mientras caminaba descalza por la calle 8 y su corazón se apagaba, viendo la silueta del percusionista desdibujada en el viento.

La daga pensante.

Pensamiento.

Como deseo convertirme en pensamiento y viajar a tu encuentro, atraparte en un beso y decirte te quiero.
Como deseo borrar la agonía que reina en mi corazón, presa de la angustia de no tenerte.
Que dura es la incertidumbre del ¿me quieres?, descifrando en cada frase las claves de tu corazón.
Romántica, arrebatadoramente romántica es mi alma. La cual crea poesías que expreso al viento, para que se conviertan en la almohada donde reposan tus sueños.

Quisiera tenerte a mi lado, pero no intuyes, no sientes mi desesperanza.
Vas despacio, sin prisa, mientras yo me consumo en la necesidad de amarte, sentirte, besarte, acariciarte. Dibujando en cada caricia, la silueta del silencio.
Porque es así como vivo este amor, en silencio.
Lanzando mensajes y más mensajes que no logras descubrir, aunque tu mirada al tropezar con la mía, vea yo en ella la llama encendida del deseo.
Como quisiera convertirme en pensamiento y volar a tu encuentro.

La daga pensante.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Reflexiones.

Quién acalla la sin razón tardía de aquel que enfundado en diplomas y Armani, decide el destino del mundo.
Donde está la conciencia de los hombres que atrapan en ruinas especulativas el futuro más presente de sus semejantes.
En que lugar del universo, se esconde ese cobarde ser, al que todos llaman Dios cuando se acorta y se olvida la alegría de los infantes, convirtiéndolos en adictos a la sangre, miseria y dolor.
Quién fue el sádico, que creo este mundo tan desigual y agónico.
Quién se divierte con nuestros amaneceres, llenos de radiación y contaminación.
Escribo en nombre de aquellos que han nacido con el derecho de estar callados, sumidos en este profundo inframundo llamado tierra, donde dicen vivir los humanos.
¿Pero que hay de humano, en hacer sentir libre al esclavo obrero, que envejeciendo ve que nunca tendrá bienestar?
Que hay de humano en adoctrinar, bajo la palabra de un ser superior, guiando a aquellos que los escuchan, a que les llenen los bolsillos entregándoles a cambio promesas de vida, cuando la vida acaba.
¿Que hay de humano, en ser humano?

No hay nada, somos una raza evocada al extermino. Juguetes de arcilla en las manos del señor del tiempo. Somos ojos, boca, brazos, pensamiento. Pero también somos guerra, destrucción, epidemia, hambre y muerte.
Miremos a nuestro alrededor, pensando en lo que tenemos o lo que hemos conquistado, y lo que realmente descubriremos es miedo. Mucho miedo.
Miedo a reconocer que somos una especie que nace, construye y muere. Solo eso y nada más.
Una especie aislada en el universo, encerrada en sí misma, desterrada en un paraíso que agoniza cerca de las estrellas. Castigada por la mano divina de la inconsciencia, a merced de la marea errante del pensamiento.
Reflexiono en busca de respuestas, y cada vez encuentro más preguntas, más duda, más miedo, más incertidumbre, más rabia de pertenecer a una especie llamada humana.

La daga pensante.

sábado, 5 de noviembre de 2011

El escultor de palabras.

Te imagino amigo mío, rompiendo el silencio con agolpados pensamientos, creando moldes en forma de prosa para después esculpir profundos artículos, reflejo de una mente inquieta, amante de la contradicción y lo bello.
Naciste en una época donde las palabras habían perdido el sentido para las que fueron creadas, convirtiéndose en manipuladoras hechiceras capaces de contrariar la psiquis humana.
Pero tú las has devuelto a su sitio, esculpiéndolas cual frío y bello mármol desde tu universo de SIRENAS-IN-LOVE.BLOGSPOT.COM, regalandonos una nueva forma de literatura. Consiguiendo que de bella manera camaleónica, Milena Velba, tu musa, sea el estandarte de infinitos mundos de mágica lira.
Te defines tímido amigo Víctor Virgós, pero que es la timidez sino un reflejo más de la palabra sensatez. La cual a veces se transforma en tormentosos y convulsivos impulsos contradictorios.
Y es que cuesta tanto ser sensato en un mundo donde hace tiempo, la mayoría de personas le han dado la espalda a lo lógico, volviéndose presa del consumo y el capricho.
Pocos son ya, los que se detienen a ver amaneceres, o llenan una mochila con preguntas e inquietudes, y prestos deciden viajar al seductor New York para deleitarse con museos y monumentos, dejando pasar de lado la ostentación y las luces.

Solo un escritor, un poeta, un enamorado de la cultura y la métrica, un inconformista emocional que no se detiene en la satisfacción de aceptar lo que otros dicen, sino que sale en busca de respuestas, encontrándolas y transcribiéndolas con apasionada prosa.
Te imagino amigo mío, rompiendo el silencio con agolpados pensamientos, creando estrellas en forma de artículos, microrealtos o cuentos con los cuales alumbrar tu universo, abriendo "LA PUERTA DE LOS SUEÑOS".

La daga pensante.

Me bato en retirada.

Me bato en retirada, amor, me bato en retirada.
No deseo seguir más en esta trinchera llamada hogar, jugando al peligroso juego de dañarnos por tal de ganar una cuota de territorio en el país del rencor, pensando que así calmamos nuestras fracasadas almas.
Como me gustaría regresar en el tiempo, atrapar nuestro más dulces recuerdos y volverlos al presente. A aquellos días, en los que la felicidad era nuestra razón de existir y los sueños metas por alcanzar.
Aquellos días, los cuales mirábamos al horizonte con ojos de veinte añeros, con la única ilusión de construir, no destruir.
Pero llegaron los años, los éxitos, nuevos amigos y el desarraigo de nuestra forma de vida. Nos convertimos en cuerpos sin almas, sin sueños ni ilusiones. Nos consumió la doctrina del que dirán, nos atrapó el aparentar y nos olvidamos de que vivir, es más importante que disfrutar. Que no hay fracasos en los intentos, ni gloria sin fracaso.

Hemos cambiado tanto, que ya ni nos reconocemos. Tu deseas una jugosa pensión y yo el dejarte sin nada, mientras tanto la sin razón campa a sus anchas por el sentido vacío, donde un día habitaba el sentimiento.
No deseo más, no quiero vivir más bajo el estandarte del odio. Prefiero alejarme, olvidar y volver a aprender a ser lo que un día fui.
Por eso, me bato en retirada amor, me bato en retirada.
Dejo a la sentencia del destino mis actos, y le pido perdón al escriba de los años, por tener que plasmar la sin razón del fracaso de dos mortales que no supieron dar buena cuenta, de la palabra AMOR.

La daga pensante.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Un nuevo amigo.

Vamos a confiar en él, corazón.
Se que tienes tus razones para tanta desconfianza. Que juntos hemos sufrido la desventura de la ilusión. Que los sueños terminan siendo una realidad distinta, y que el lagrimal de mis ojos se niega  a trabajar a doble turno, cuando el desasosiego convertido en pena asoma.
Que ya no siento las caricias, que mi piel tiene callos y callos porque la sombra de la duda, se ha convertido en armadura en verso.
Que mis oídos, no reconocen el susurro de las melódicas palabras prometiendo mundos de fantasía.
Que la soledad se ha instalado en el salón de mi mente, con ganas de quedarse por una larga temporada. Que mis sentidos han tomado las armas dispuesto a combatir, cualquier insuversivo síntoma de emocional sentimiento, y mis labios se niegan a besar príncipes que después se convierten en rana.
Pero siento que él es distinto, ha llegado despacio, acompañado de una brisa refrescante. Sin ganas de conquistar, solo compartir. Con la comprensión como único estandarte, respetando el reino de mis pensamientos, prefiriendo conocer mi alma antes que mi cama.

Demosle una oportunidad, corazón.
Porque siento que él, no es como aquel escurridizo deseo, ni un romántico de nombre capricho. Ni el astuto príncipe del país de los Adonis.
El es distinto, diferente, él es real.
Y te quiero de mi lado, te necesito de mi lado. Entregale la llave que abre las puertas de tu reino, dejalo pasar y descubrelo como lo he descubierto yo. Valoralo sin prisa, ni prejuicios que agolpen en ti desvariados argumentos.
Y verás como te vestirás de rítmicos latidos, y volverás a sentir aquello que un día sentiste, pero con un nombre nuevo, AMOR, que es como se llama este nuevo amigo que he conocido y que no desea, ser un viajero más surcando los mares de mis recuerdos.

La daga pensante.

La noche de los feos.

Amigos mios, la organización mundial de feos, ha decidido declarar la noche del tres de noviembre, como la noche internacional de los feos.
¿Por qué?, se preguntarán.
Pues porque nos la merecemos.
Tenemos derecho a sentirnos felizmente feos y no tristemente ignorados.
A compartir sin temor a escuchar, "no eres guapo, eres diferente".
A sentir la gozosa satisfacción de ligar con alguien, sin tener la sensación de que está demasiado borracho.
A dejar de ser el "gracioso" del grupo, el que más estudia, a ir un día con la cara lavada sin potingues ni gafas de sol.
A vivir aunque sea unas horas, en un mundo rodeado de feos, dejando por un momento de ser "la amiga comprensiva", convirtiéndonos en la mujer deseada.
A no caer en la triste necesidad de ligar a través de un avatar de irrealidades medidas, por temor a enseñar nuestro rostro.
A dejar de ser, la que termine siempre cuidando bolsos y abrigos.
Porque tenemos derecho a romper con nuestro manipulado ego de decir "que no nos importa que nos llamen feos", asumiendo el triste papel de reírnos de nosotros mismos.

Tenemos derecho, y por eso, los espero a todos la noche del tres de noviembre, tónica en mano, cantando esa horrible canción que dice:"Que se mueran los feos...".
Porque esa noche, nuestra noche, no habrán feos, sólo personas.

La daga pensante.

lunes, 31 de octubre de 2011

Calabazas encendidas.

La céntrica avenida del pueblo de City Valls, se entregaba al deseo de sus habitantes, de celebrar la tradicional noche de Halloween. Las calabazas encendidas y los disfraces de los niños acompañados de sus risas y canciones, alegraban una noche sin estrellas.
Cada habitante era presa del desenfrenado deseo de vivir y disfrutar la noche más satánica del año, menos ella, la oscura e impenetrable María.
Ella veía en esta noche algo más que una celebración, anhelaba el regreso de su amo y señor. Discípula fiel de las druidas satánicas, María alimentaba su alma con recuerdos de antaño, cuando vagaba con sus hermanas por aldeas y poblados robando almas ingenuas.
En sus manos la gran biblia satánica, y en su voz el deseo de atravesar el inframundo y regresar al rebaño de impuros e inmorales fieles amantes del desorden y el caos.
Un gran lamento rompió el silencio de su infesta morada, y la oscuridad golpeo el pueblo de City Valls. Por las calles brotaba un manantial de blancas cucarachas, y en el cielo, miles de cuervos graznaban con hambre de almas vírgenes.
Los ojos de María  observaban extasiados el regreso de la oscuridad, mientras los alegres cantos infantiles se tornaban en llantos y lamentos. La sangre caminaba en oleadas por el tranquilo pueblo, mientras los hombres marchaban con la mirada perdida hacia el desfiladero de los condenados.
En City Valls la noche se tornó fría, oscura, gris, mientras las druidas volaban en busca de más almas que devorar, atrapar, condenar.
"Noche de muertos vivientes...", repetía María, "... reinar en este día con la fuerza del mal, borrando la bondad del universo. Señor de las tinieblas, venid a mi, devolver a esta hija, sierva y esclava a tus regazos. Liberarme de vivir en el tormento de estar condenada a vagar de siglo en siglo entre mortales, que han perdido el miedo a tu presencia, convirtiendo esta, tu noche, en una fiesta de calabazas y caramelos".

La daga pensante.

sábado, 29 de octubre de 2011

La pianista de las notas mudas.

Disfrutaba viendo a mi madre oler las azucenas antes de cada concierto, como si el aroma de las flores calmaran su ansiedad.
Disfrutaba viéndola vestir sus trajes de fina seda, mientras tarareaba alguna canción. Cada noche, besaba mis mejillas y me recitaba una poesía antes de salir al escenario. Después con paso firme, casi marcial, iba al encuentro de su gigantesco piano, aguantando la respiración unos segundos, y como ella el público en platea también enmudecía, tras estallidos espontáneos de aplausos.
Sus finas manos acariciaban las teclas de aquel gigantesco piano, y las teclas le regalaban inolvidables melodías. Bella fusión entre piano y pianista, armonía lírica propia del que ama el arte de expresarse en corcheas y semi corcheas.
Escucharla, era como contemplar un cuadro o leer un mágico poema. Las melódicas notas transportaban al oyente a un mundo espiritual lleno de enigmáticas emociones, despertando sueños sensoriales más allá de la profundidad poética.
El público en platea, se entregaba a una mujer y un piano, convertidos en mágicos amantes de la lira.
Disfrutaba viendo a mi madre y a su universo de siete notas.
Hoy mi madre vive presa del castigo de los años, mirando un horizonte e intentando descubrir desde la soledad de su silla de ruedas, a un publico inexistente al cual les regala una sonrisa mental. Como mentalmente sigue oliendo sus azucenas, y dirigiéndose con aire marcial al encuentro de su gigantesco piano. En los ojos donde habitaba la admiración, hoy corren lágrimas al ver como la diosa de las corcheas y semi corcheas, articula sus manos en un piano imaginario, arrancando mudas melodías, mientras el Alzheimer devora su rítmica vida.
Triste destino, cruel final para la amante de la lira, la mujer que entre finas caricias, arrebataba al frío marfil melódicas notas que transportaba al publico en platea a un mundo de sueños y fantasía.

La daga pensante.

jueves, 27 de octubre de 2011

El reino de la desesperanza.

Hay un lugar en el mundo, donde la inocencia no tiene rojizas mejillas, sino un desperanzado rostro infantil.
Hay un lugar en el mundo, donde el hambre reina con mano dura aferrándose al trono de los olvidados.
Un lugar donde la vida, no es vida, y el dolor es un rito amargo edulcorado con ruegos y suplicas.
Un lugar olvidado sin motivos ni razón, donde la compasión del hombre se pierde en palabras de esperanza sin ninguna acción.
En el cuerno de África, hace años el mañana dejó de existir y el quizás emigró a tierras menos cálidas.
En el cuerno de África, el sol castiga con agónicas sequías y los animales se convierten en pasto de la carroña. El odio, el hambre y el desasosiego se ha apoderado de una tierra, que hasta el diablo aleja de sus dominios.
Duele, en lo más profundo de la conciencia humana, que haya un sitio vacío de esperanza y alegría.
Duele, en lo más profundo de la verdad callada, que donde no hay recursos que explotar, tampoco haya derecho a la vida.
Que libertad sea una palabra ligada a pocas verdades y muchas mentiras.
Que felicidad no sea un derecho divino, sino el sorteo de una moneda al aire.
Que el desinterés se haya convertido en parte de nuestra rutina, siendo incapaces de reaccionar ante el reflejo de una realidad tan inmensamente dura.
Hay un lugar en el mundo, donde la muerte tiene rostro de niño, de joven, de mujer, de anciano...
Un lugar donde ya no se ríe, no se llora, no se habla...
Un lugar que agoniza.
Un lugar con nombre propio, Somalia, y al que todos llamamos el cuerno de África.

La daga pensante.

martes, 25 de octubre de 2011

En cinco pasos.

La noche se hacía imposible para Albert, un extensivo cáncer minaba sus pulmones, haciéndolo presa de intensos dolores y fatiga. En su mesilla de noche, un frasco de pastillas, y en su voluntad el dejar de vivir, o mejor dicho, dejar de sufrir.
Una llamada oportuna, lo sacó de su agonía. Al otro lado del teléfono , una voz requería sus servicios como psicólogo. No era un cliente más, ni una citada charla en la universidad, sino que era la policía.
Albert se vistió mientras conversaba con su imagen, tan desgastada y angustiada por el caminar exterminador del cáncer en sus pulmones.
Al llegar al aparcamiento del edificio policial, una fuerte tos le hizo esputar una gran mancha de sangre en su pañuelo. El fin esta cerca ya, se dijo. Y con paso cansado se dirigió al interior del edificio donde lo esperaba el inspector Dhom, dueño de aquella voz que instantes antes lo sacó de sus lamentaciones.
-Digame inspector porque me han llamado.- Preguntó Albert.
-Hace días, que tenemos la intención de arrancar la confesión de un asesino múltiple, al cual las pruebas incriminan. Pero se resiste ha decir donde están los cuerpo, y como hace años usted me ayudó en una investigación, pensé que nos sería útil. Y la verdad, estamos desesperados.
Albert sonrió, y le pidió que lo llevara delante del detenido. También exigió estar solo, tener las llaves de las esposas y un pequeño objeto afilado.
-Eso es imposible, doctor.- Exclamó el inspector.
-Solo una reflexión viejo amigo. Me estoy muriendo y no tengo mucho tiempo para discutir, o me da lo que le pido o me voy a maldecir a Dios a mi casa.
El inspector se encogió de hombros y pidió que le entregaran al psicólogo lo que exigía. Mientras le deseaba suerte en el interrogatorio.
Albert, entró al cuarto del interrogatorio con el mismo andar fatigado con el que instantes antes cruzaba el umbral de la comisaria.Frente a él, sentado, había un hombre de mirada tranquila, poco volumen corporal y baja estatura.
Aquel hombre observó al enfermo psicólogo, que con pasos lentos y cortos, le desataba las manos y los pies de sus metálicos yugos.Albert se sentó detrás de la mesa de interrogatorios, abrió su maletín y sacó un juego de ajedrez. Organizó las fichas en el tablero y miró al detenido, como si de algún lejano amigo se tratase.
-Bien amigo, en este momento y entre estas cuatro paredes, es usted libre. Puede matarme si lo desea, aunque le advierto, estoy en fase terminal y me haría usted un gran favor, al igual que a la policía que ya tendría un  cuerpo y un asesinato demostrable. Para mí sería fácil desquiciarle y provocar lo descrito, pero pienso que la muerte debe de ser un acto digno y no lo haré. Solo una pregunta, ¿juega usted al ajedrez?
El detenido asintió con la cabeza.
-Entonces juguemos-, dijo Albert mientras giraba el tablero con las fichas blancas cara al detenido.
Hora y media duró la partida, teniendo como resultado la derrota del enfermo psicólogo. Albert se levantó, se dirigió a la pared de espejo e hizo una señal para que entrara el inspector.
-¡Ya se lo que quiere saber!-, exclamó.
-¿Cómo?- preguntó el inspector.
-Jugando al ajedrez.
-¿Expliquese?
-Este señor, como bien dijo usted, es culpable. Seleccionó a sus víctimas de manera consciente y las tiene enterradas en el campo, o mejor dicho, detrás de una casa de campo.
-Y todo eso lo sabe por jugar al ajedrez-, replicó el detenido con cara de sorpresa.
-No señor, todo eso lo se, porque usted me lo contó jugando al ajedrez.
-Pero va a decir donde están o no.- Exasperó el inspector.
-Tranquilo amigo, para empezar les diré que el ajedrez es mas que un juego, es psicología. El primer movimiento que usted realizó fue con el caballo, dandome la concepción de que tiene como refugio los lugares de campo. Después fue entregando sus peones de manera obsesiva, proyectando un odio incontrolado a la sociedad y a las personas, pero sabe jugar al ajedrez, lo que indica que ha triunfado en la sociedad. Cada movimiento lo iniciaba con la dama, exponiéndola, lo que también me llevó a la conclusión de que tenía una relación nada agradable con su madre. Nunca enrocó al rey, dandome el dato de que se crió sin padre o lejos de el. Y por último, nunca arriesgó las torres y siempre las defendió con los caballos. Conclusión, usted asesinó porque odia la sociedad, enterrando los cuerpos en una casa de campo propiedad de su madre.
El inspector Dhom, escuchaba incrédulo, mientras que el ya desenmascarado asesino, se abalanzaba sobre la mesa buscando el pequeño objeto cortante que hora y media antes había depositado el enfermo psicólogo, recibiendo un fuerte impacto por parte del mismo.
-Le dije que la muerte era un acto honorable- exclamó Albert mientras secaba unas pequeñas gotas de sudor y guardaba su tablero de ajedrez, y dirigiéndose hacia la puerta dijo con voz flemática:
-Bueno viejo amigo, ya yo no pinto nada aquí, me voy a mi casa a maldecir mi destino. Gracias por robar un poco de mi escaso tiempo, para resolver un buen enigma. Que la vida le sonría pero no con sonrisas de sangre como a mí.

La daga pensante.

viernes, 21 de octubre de 2011

El regreso del diablo.

He vuelto, aquí estoy.
Dispuesto a recoger los frutos que un día sembré, mis hijos han hecho un buen trabajo. Mientas yo, sentado en mi infernal pedestal, veía como se consumía la humanidad en la lujuria y la codicia. En su malvada y primitiva naturaleza de raza dominante.
Mientas el señor de los cielos, rey de la bondad, los abandonaba a su suerte. Hasta sus propios hijos se han olvidado de guiar al rebaño, convirtiéndose en ovejas descarriadas.
Aún recuerdo aquellos siglos, donde nos lanzábamos retos, y luchabamos en sangrientos pulsos, seduciendo al humano a caer de un bando u otro.
Aún recuerdo la sangre derramada, y como persegias a mis hijos.
Aún recuerdo la fuerza de tu presencia y de tus palabras. Eras Dios, y todos te adoraban.
Pero te has convertido en un paradisiaco vagabundo, en una retorica no escuchada, en el eco de lo que un día fuiste.
Bien te lo advertí, no enfrentes al hombre, no prometas vidas cuando la vida acaba, no le prohibas que repriman sus instintos primarios, no les hagas creer que son tu imagen y semejanza, no los hagas débiles convirtiéndolos en dóciles esclavos de infortunio.
Porque los envías a vagar por mis dominios, yo soy el rey de la duda, del infortunio, del fracaso, de la mentira, de todo aquello que alegra y amarga.
Yo soy el diablo, y vengo a recoger los frutos que un día sembré y que tú tan bien has cuidado.

La daga pensante.

La princesa de los muros rotos.

Más allá de los confines del deseo, existía una tierra de verdes valles de pasión. Bañada por cristalinos lagos de ternura, donde el sediento verso encontraba abrigo y consuelo. Una tierra donde reinaba la inocencia, en un hermoso palacio rodeado de bellos jardines coloreados por la luz de la felicidad convertida en sol.
Más allá de los confines del deseo, existía un paraíso donde un día apareció el conquistador desconsuelo, y con pronta autoridad decidió hacer suyo aquel hermoso lugar.
Volviendo gris el cielo, convirtiendo los verdes valles de pasión en secos rastrojos de dudas, contaminando las cristalinas aguas de aquellos lagos de ternura en amargas y turbulentas.
Encerrando a la joven inocencia, princesa regente de aquel hermoso lugar, en un palacio quebradizo donde ya no habitaba el viajero verso, ni las dulces caricias hacían las veces de compañía de cámara.
Todo se volvió oscuro y gris.
Más allá de los confines del deseo ya no reinaba la inocencia, sino el desconsuelo, acompañado de un séquito de cobardes mentiras. Destruyendo todo lo bello, sembrando campos de odio y dolor, espinas y ninguna rosa.
Triste lugar donde el recuerdo vaga y la esperanza añora.
Triste lugar donde ya no se asoma el viajero verso, ni brilla la luz de la felicidad.
Triste lugar donde la inocencia, convertida en esclava del desconsuelo ,llora aquellos días donde su reino era un paraíso, más allá de los confines del deseo.

La daga pensante.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Bajo el palmar.

Cuentan que bajo el palmar se esconde el eco de batá. Que por las noche, la ceiba es testigo de las risas, historias y llantos de los Lucumí, Karabalí y Yorubas.
Que no es el cantar de un gallo, el que rompe el amanecer, sino el rugir de un león reclamando el regreso de sus hijos.
Cuentan que todavía, la brisa entrega el olor a caña, sudor y melao. Que si te detienes un rato, el eco se convierte en patakín, látigo, ruido de trapiche y central. Que aún de tarde en tarde, se dibuja la silueta del cimarrón en busca de mangos y colmenas de miel.
Cuentan que bajo el palmar se encuentra una historia convertida en tesoro, custodiada por dos palos el negrito y el pierde rumbo. Que si te acuestas sobre sus raíces, escuchas el susurro del mar, testigo mudo de barcos y barcos llenos de dolor y soledad atrapados en grilletes, confinados en bodegas, convertidos en cuerpos inertes, de los cuales arrancaron toda clase de dignidad.
 ¡Cuanto dolor encierran las noche bajo el palmar!
Pero cuentan aquellos que extraviados en la entrada del atardecer descansan bajo el palmar, que el cielo bajo la noche negra se ilumina, no por la luna ni las estrellas, sino por luciérnagas y cucullos, dejando ver a Changó, Oggún, Obatalá, que discuten hasta cuando sus hijos deben de aguantar.
-¡Si esto es prueba del destino, debe acabar!-, exclama Oggún con arrogancia, Changó asiente, Obatalá, rey soberano medita y con voz inquebrantable exclama:
-¡Basta ya, esta noche el corojo se tiene que quebrar!.
Oggún ruge, Changó se levanta, y en el cielo caracoleando una Centella avisa de la llegada de Ollá.
Eleggua siempre dispuesto, el camino ha de encontrar.
-Si es necesario de la tumba los muertos se levantarán- dice un viejo Cubayende que paso a paso entrega su voluntad.
Y en el mar, las olas rugen demostrando la ira de Yemayá.
Los Orishas hablan, los negros duermen, sin saber que al cantío de un gallo, se abre una nueva realidad.
La sangre corre, el machete blande y las notas de un himno suenan al compás del viento haciendo eco en el palmar.

La daga pensante.

lunes, 17 de octubre de 2011

Te invito.

Te invito a amarme sin fronteras ni razones, con el corazón como único sentido, dejando en un estado durmiente los otros cuatro.
Te invito a compartir una vida lejos de edulcoradas costumbres, amandome sin esperar nada a cambio.
No me entiendas ni intentes buscar en mi, la fastidiosa costumbres de desenredar mi mente, dándole lógica razón al porque sufro, lloro o rio.
Te invito a vivir una vida sin más sentido que el que dicte el corazón, vallando a la razón y a la lógica suprema.
Te invito a amarme, sólo a eso. A sentir, a vivir, a gozar en plenitud de la pasión en su estado más primario. A mirar a las estrellas, la luna y el infinito, sin pensar que hay más allá.
No deseo un mañana, ni una vida planificada, ni anillos que simbolicen lo mucho que te quiero, ni exultantes invitados sedientos de lanzar granos de arroz.
Sólo deseo un gesto, un te quiero, una caricia, sentir en mis labios el latir de tu corazón, embriagarme de tu aroma, de tu risa, entregándome en dosis pequeñas de amor.
Te invito a crear un mundo, un universo, un escenario sólo para dos.
A eso te invito, sólo espero que aceptes mi invitación.

La daga pensante.

jueves, 13 de octubre de 2011

Giro en el trapecio.

Entre Demi- plié, Developé y Jeté se ha ido diluyendo mi verdad temprana, atrapándome en una ficticia coreografía de mi misma, encerrada en el ansia de triunfar y ser parte principal de un cartel de neón, soñando con aplausos inmerecidos arrancados a un público inexistente, piadoso e imaginario. Vivo en una irrealidad tan fina como la cuerda de un valiente equilibrista, desandando de audición en audición, recubriendo los espejos con escenarios abstractos para ocultar mis ya flácidos músculos y mi estigmatica piel. Cada Cabriole es una dosis de desconsolado dolor para mis artríticas articulaciones, cada caída un castigo punzante para mi estructura osea, donde ya asoma la diabólica sombra de la neuropatía.
Cada día, una verdad convertida en lágrimas que se aferran a no deslizarse por un desahuciado lagrimal, prisionero de un tiempo olvidado, donde mi belleza suplantaba la inexistente virtud de la mujer que nunca supo dominar el tu-tú y la zapatillas, pero deseosa de halagos, flores y protagónicos papeles negociados bajo el amparo de las sábanas de algún que otro sádico empresario, que buscaba en mi satisfacer su egocéntrico yo varonil con promesas jamas cumplidas, convirtiéndome en una bailarina de cama y no de escenarios.
Deseosa de ver alumbrado con luces de neón su nombre, acompañado del compás e interminable aplauso de un público presente, amante de lo bello. Alejada de la tensa cuerda del fracaso donde camina mi mente en busca de un éxito que hace años olvido mi cuerpo.

La daga pensante.

lunes, 10 de octubre de 2011

Entre el vacío y el todo.

Vivo en el vacío, entre el todo y la nada. Reina regente de un universo inexacto, insumisa de gobiernos y reyes, esclava de mi perfecta locura, ajena a hipotecas y destierros, desnuda de marcas y prejuicios, sin ley ni dioses adoctrinantes.
Vivo en mí y para mí, en mi palacio de frágil cristal. En una mente delirante observando la vida muy alejada de ella.
Soy un yo distinto, extraño, loco, pero feliz, degustadora fiel de calmantes y cinturones de fuerzas.
Sé que quisieran atar mi cuerpo y liberar mi mente, convertirme en uno más de ustedes, en un peón de un mundo que se desmorona como castillo de naipes.
Pero yo me resisto, no quiero un dios que me guíe ni una patria con fronteras y leyes que satisfacen el ego de aquellos que dominan al sumiso ignorante.
No quiero nada.
Quiero seguir desnuda, lejos de Channeles y pieles bautizadas por Oscar de la Renta. Quiero sentir mi piel como única armadura, y seguir viviendo en un mundo que existe entre el vacío y el todo.

La daga pensante.

Cuando te vuelva a ver.

Cuando nos volvamos a ver te contaré aquellas cosas que he olvidado, te hablaré de mí y de mi frágil corazón.
Te leeré esos poemas que nunca he escrito y te cantaré una melancólica canción.
Cuando te vuelva a ver, te atraeré a mis brazos sin más motivo que imaginar tu piel, y te hablaré al oído para que nadie escuche esas miles de frases que no diré.
Me reiré sin risa, sin motivo, ni porque, y una fina lágrima enjugará mi mejilla recordándome lo que pudo ser y no fue.
Le echaré la culpa al destino, o quizás a mi falta de fe, o aquella tardía luna que salió cuando ya no te pude ver.
Te invitaré a mil viajes y en la rivera francesa tomaremos café, un rissotto en la Toscana y en la fría Bretaña degustaremos un té.
Cuando te vuelva a ver, ya el tiempo no será el verdugo que me haga envejecer, ni las horas las prisioneras de mi niñez.
Será todo tan distinto, no tendré cara ni piel, ni los recuerdos tardíos de las horas en las que no te hayé.
Cuando te vuelva a ver, será todo diferente, hermoso y bello a la vez. Dos almas sin cuerpo ni mente que los detengan, cuando nos volvamos a ver.

La daga pensante.

¿Donde está la niña que habitaba en mi?

Entre asombradas canas y una que otra carismática arruga, me pregunto ¿a dónde han ido mis sueños de infancia?. Aquellos sueños donde yo era princesa en un país sin nombre, a la espera de que un príncipe azul llegara a mi encuentro seduciendome con encantadas poesías.
Ahora que la vida y el paso de los años, se han encargado con pronta autoridad de convertir a mis héroes de juventud en olvidados recuerdos, me pregunto, ¿que ha sido de aquella niña que veía la vida con mágica ilusión, soñando ser bailarina, medico o presidenta de un club de fans?¿o de aquella adolescente que convertía las malas rimas de su novio en románticas poesías, regalando un beso y alguna que otra caricia al embrujo de su Romeo?
¿Que ha pasado dentro de mi?.
¿Donde han ido mis recuerdos?
¿Porque la fría y pesada losa de la realidad, lo sepulta con agónicas dudas y falta de autoestima?
¿Donde ha quedado mi pícara mirada y el reflejo de mi sincera sonrisa?
Ahora que asombradas canas asoman con ansias de colonizar mi cabellera, me pregunto.
 ¿A donde han ido a parar aquellos años donde la inocencia era la reina de mi universo?

La daga pensante.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

En busca de las huellas de mi pasado.

Ahora que los años le han ganado a la arrogante estupidez de mi mente, y las horas se convierten en días, echo la vista atrás y busco las huellas de mi pasado y no veo nada, no tengo nada, no he construido nada.
Con los años construí mi vida sobre una pantomímica fantasía de pensar, que era más de lo que realmente fuí. De que el mundo estaba arrodillado a mis pies adorandome cual Adonis quijotesco.
Me creí Dios, me sentí Dios, construí sobre estupidas ideas irracionales mi vida, sin darme cuenta que la vida no es solo lamentarse, sino luchar, caerse y levantarse.
Cuantas veces negué los sabios consejos de aquellos que querían ayudarme, creyendo que sólo yo era dueño de la verdad absoluta, resolviendo con prepotencia y arrogancia alejar la fortuna de mi vida.
Ahora que la artritis me recuerda con campanarios latidos, que no puedo ni coger un vaso y el corazón no late, se ahoga de tanto colesterol, me arrepiento de pisar la mediana edad creyéndome un chiquillo, sintiéndome un chiquillo, comiendo como un chiquillo, comportándome con la inmadurez propia de un chiquillo. Estimulando y manipulando mi mente, para sentir el impulso que la testosterona crea cuando la juventud anida en el cuerpo, sin querer reconocer que envejecía, o mejor dicho, moría sin haber aprendido nada de la vida.
Sin tan siquiera tener una lección que dar a mis nietos, los cuales me miran como un ser extraño al que llaman abuelo, o quizás lo sienta yo así, porque es un titulo que nunca me he ganado.
Ahora que la incertidumbre me espera en forma de olvido, y mis pulmones buscan y rebuscan una cuota de oxigeno para mantenerme vivo, le pido al señor del destino que me de una segunda oportunidad.Para poder rectificar, dar lo que no he dado y sentirme satisfecho, cuando el barquero me ayude a cruzar el río de lo eterno y poder mirar atrás y ver las huellas que he dejado en el camino de mi vida.
La daga pensante.

Dos caminos y un sendero.

Nacimos los dos a la vez, convirtiéndonos en cuerpo y alma. Tú eras el cuerpo, yo el alma de un niño llamado José. Pero desde el mismo instante en el que él nació, algo en ti y en mí nos hizo distinto. Y aquel niño desde temprana edad, comprendió que su cuerpo y su ser se dividían en dos mitades que nunca convergerían en un mismo destino.
Su cuerpo estaba diseñado para jugar al fútbol, a la trompa, mientras su alma le pedía muñecas y casitas. Dura y difícil textura, luchar contra algo que no entiendes. Largas horas de soledad, intentando no descubrir lo que su alma pedía a gritos.
Un día se miró al espejo mientras olía las colonias que su madre guardaba en el tocador, y de manera inconsciente, cogió los polvos y empezó a colorear se cara, dibujando en ella una silueta femenina con la que empezaba a identificarse. De repente su madre entró y las lágrimas de José, desdibujaron aquel reflejo de su yo interior. Mamá lo atrajo a su regazo y entre sollozos le dijo: Será nuestro secreto, que quizás debemos compartir con papá.
Pero papá era demasiado retrogrado para entender los complejos caminos de la naturaleza humana, cayendo en un profundo rechazo y resolviendo  alejarse de aquel niño, al cual culpaba de todas sus desgracias.
 Haciéndole comprender que su futuro estaría marcado por la incomprensión y el rechazo.
Pero tenía la complicidad de su madre, alianza irrompible que le llevaría a visitar médicos y psicólogos, en busca de un nuevo renacer.
Reasignación de genero le dijeron que se llamaba la operación, pero antes había que empezar un largo tratamiento hormonal en busca del cambio. Otra vez las espinas, se imponían a la felicidad de su yo interior.
Comenzar a vivir con otras características faciales y corporales era su sueño, pero como compaginar su cambio con la convivencia diaria de chicos que no entendían lo que veían. Las bromas eran duras, de mal gusto, y algún día que otro, sus ojos reflejaban un morado intenso. Dolor que lo hacía más fuerte en liberar su verdadero yo. Su madre temía que algún día, aquellas palizas lesionaran seriamente a su niño. Pero él les restaba importancia, ya que tenía la compasión suficiente de perdonar a los que no le comprendía.
Su voz empezó una batalla entre los tonos graves y agudo, su silueta se desdibujó tomando anchuras femeninas, sus pechos empezaban a crecer y en su rostro ya casi no quedaban huellas de aquel niño que se llamaba José.
Su cuerpo estaba listo para reasignarle un nuevo sexo, su mente también. los especialistas daban informes positivos, así que una tarde de mayo, aquel niño hoy convertido en mujer, desarraigó de su vida aquello que aún le recordaba que su alma había estado prisionera en un cuerpo equivocado.
Al salir de la operación José, se abrazó a su madre, su vida había sido reescrita. Su pasado no era más que un mal sueño del que casi nadie se acordaba. Ya era mujer y podía mirarse al espejo sin engañar a su mente con  ilusiones ópticas. Ahora el reflejo era real, y la satisfacción constante.
En su documento nacional de identidad rezaba el nombre de María José, combinación de su propio nombre y el de esa mujer que le ayudo en el largo y difícil camino hacia la libertad corporal.
Cuarenta años hace ya que nos conocimos, cuarenta años que el destino quiso regalarle a una familia un niño con alma de mujer. Un niño que sin temor, se enfrentó a si mismo y con voluntad resoluta hoy vive en el cuerpo soñado con la libertad anhelada.
La daga pensante.

Hasta aquí.

Basta ya, me dije mientras terminaba de fregar los platos de la comida. Llevo treinta y cinco años haciendo lo mismo, con la abnegada dedicación de una mujer resignada a su destino.
He criado tres hijos, los cuales están en edad de encontrar su propio camino y que hace mucho, pero mucho tiempo, me ven como una figura ornamental más de la decoración de la casa, salvo cuando tienen hambre o quieren que les lave o les planche alguna ropa en especial.
Y que decir de mi marido, el cual lleva años sumido en una crisis existencial, queriendo demostrar a cada momento su virilidad, excepto en la cama, donde se desploma como un coco al caer de una palmera. Emitiendo esos molestos gruñidos provocados por el tabaco y el exceso de colesterol.
Y es que, debí hacerle caso a mi padre que me decía que estudiara, para que fuera independiente. Pero yo, quería tener familia, una bonita y amplia familia, sin pensar que con los años nadie repararía en mi, salvo la televisión, con la cual a veces me sorprendo teniendo animadas conversaciones.
Por eso, hasta aquí llega mi sumisión y estos son los últimos platos que friego, por lo menos hasta dentro de 21 día, que es lo que dura el crucero en el que me voy a dar, mis merecidas y tardías vacaciones.
 Les he dejado comida preparada para dos semanas y bastante charcutería, además de alguna que otra cosa congelada en la nevera acompañada de una nota que dice:
"Mamá se ha ido de crucero por el Caribe, guardad vuestras protestas para cuando yo regrese.
 En la nevera, hay comida para varios días y en el cuarto de la plancha ropa limpia.
Cuidaros y desearme feliz travesía.
Un beso.Os quiere mamá."

La daga pensante.

jueves, 22 de septiembre de 2011

El niño y el sabio.

Cuentan que en un lugar de la India, existía un hombre sabio, cuyas palabras eran escuchadas por príncipes y reyes. Sus meditaciones y razonamientos, eran tan correctos que no cabía discusión alguna.
Dicen aquellos que lo conocieron, que un día llegó el emisario de un reino lejano pidiendo consejo al anciano sabio, ya que su reino estaba siendo amenazado por un ejercito que los doblaba en número y en armas. El sabio lo escucho con detenimiento, prestando gran atención a las palabras desesperadas de aquel emisario de tierras lejas. Al terminar de contar todo aquello que creía el extranjero que era importante, el sabio preguntó:
-¿Digame noble señor, conoce usted a su enemigo?
A lo que contestó el desesperado emisario:
-Solo sé que nos doblan en número y que su rey es un hombre avaricioso.
-Entonces querido amigo, sacar de vuestros palacios todo lo que sea de valor, y dejarlo en la entrada de vuestro reino con una nota que diga "Si esto es lo que venís a buscar, llevároslo. Porque para nosotros, lo que verdaderamente tiene valor está detrás de estos muros ,que son nuestras vidas y no os la vamos a entregar".
El emisario, contrariado, regresó a su reino. Y así expresó a su rey la reflexión del legendario sabio indio.  El rey acató aquel ilógico consejo. Al amanecer, sacaron todo el oro, y lo dejaron a las puertas del reino, con las palabras dichas por el anciano sabio.
A medio día, el pueblo observó como las tropas enemigas se retiraban, el sabio volvía a tener razón. Su leyenda y fama se agigantaba.
Pero un día, el hombre sabio, se vio envuelto en una encrucijada filosófica. Uno de sus discípulos, le preguntó que era la felicidad.
El sabio al no encontrar respuesta en sus pensamientos, decidió salir en busca de la misma. Alejose de su monasterio y recorrió distintos caminos preguntando siempre lo mismo:
 -¿Señor, que es la felicidad?
A lo largo de su travesía en busca de una única respuesta, que definiera la felicidad, hayose con varias distintas. Algunos decían que era la familia, otros la estabilidad emocional que da la religión, el oro, etc...
Ya de regreso a su monasterio, se encontró a un niño dándole de beber a dos elefantes, atraído por aquella estampa del niño y los dos elefantes, el hombre sabio se acercó y con voz meditabunda, preguntó al infante:
 -¿Sabrías decirme, hijo, que es la felicidad?
El niño lo miró con expresión contrariada y le respondió:
-Señor, la felicidad es una palabra y nada más.
Sorprendido por la lógica respuesta, volvió a preguntar:
 -Sí, pero ¿qué encierra la palabra felicidad?
-No encierra nada.-Dijo el niño acariciando a uno de sus elefantes. -Ni define nada. La felicidad, señor, es como la sabiduría, existe hasta que algo o alguien te la arrebata. Usted dejó de sentirse sabio, cuando alguien le pregunto por el significado de la palabra felicidad. Y yo, deje de ser feliz, cuando usted me molestó preguntándome por la misma.
Con esa intensa respuesta el hombre sabio, regresó a su recogimiento, donde lo esperaba su inquieto discípulo, que al verlo preguntó:
-Maestro, ¿sabe ya lo que es la felicidad?
El anciano sabio sonrió, y mirándolo dijo:
-Ser niño.
La daga pensante.

Estare.

Cuando el frío de los años ahogue el calor de tu mirada, y el invierno seque las hojas de tu primavera, estaré.
Cuando el deseo pase y la pasión se encierre en tormentas de dolor y tristeza, estaré.
Cuando el pasado, sea tu presente más incierto y te sumes en un mar de dudas y reproches, estaré.
Cuando la luna, deje de ser esa amiga cómplice con la que compartíamos caricias y fantasías en noches interminables de pasión desmedida, estaré.
Cuando dejes de ser tú, porque la maldad anciana le ha ganado a la perfecta y tersa juventud, convirtiéndote en adicta al reproche de mirarte en el espejo, estaré.
Estaré, porque no hay nada en el mundo que me separe de ti.
Estaré porque los años siembran semillas profundas, de amor y compañía.
Estaré, porque te necesito. Porque eres mi yo, fingiendo en otro cuerpo el deseo de alejarse.
Estaré, porque estas grabada en mi cuerpo, en mi alma, en mi ser.
Estaré, porque eres el mar donde navegan mis pensamientos, mi brújula, mi puerto, mi destino.
Estaré, porque si no estas, a donde iría mi siamés corazón.
Estaré, porque eres la luz que alumbra el cuadro de mi vida, y es que cuando la vida acabe y el destino cierre con lágrimas de oro el libro de tu vida, estaré.
Estaré, porque ni el destino, ni los años, harán que mueras mientras esta alma mantenga viva la llama de tú recuerdo.
La daga pensante.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Me llaman machista.

Me llamo Lorenzo, y soy macho.Que pasa.
Lo digo bien orgulloso, soy macho, bien macho, de los que llevan patillas largas y camisa de cuadros, como manda la tradición.
Yo no entiendo de eso de... metrosexual, ni de cremitas, ni de igualdad, y todas esas tonterías que se inventan los que no tienen nada que hacer.
Los hombres son machos desde que los pare su madre, hasta que se mueren.
¿Qué es eso, de quitarse grasa o disimular arrugas?, uno es como es y punto. Vamos, yo en mi vida he perdido el tiempo en esas cosas.
A los diecisiete años me puse a trabajar, como manda la tradición, que "pa" eso nacen los hombres, "pa" trabajar y formar familia cristiana. Eso de los estudios es para los nenazas.
Y a los veinte años, estaba casado con mi señora, con el permiso de Dios y de sus padres. Y en el mismo momento en el que entramos en casa, le dije a la parienta: En esta casa, mandas tú, que yo no voy a perder el tiempo en eso. Lo mio es el ladrillo, y así ha sido durante cuarenta años.
Cuando nació mi hijo Ramiro, le volví a decir: El nombre lo escoges tú, que mi santo padre, dice que es la mujer la que escoge el nombre, para evitar que después le pongan... apoditos y cosas raras. Porque uno cuando nace, se le bautiza con un nombre cristiano... "pa" toda la vida. Es así, como tienen que ser las cosas, como manda la tradición, no estos inventos de ahora, que si los dos deciden, que si los derechos y toda esa sarta de tonterías que hablan los jóvenes. Como me dijo ayer Eusebio, un muchachito que esta aprendiendo el oficio de albañil, va y me dice de que la mujer esta en cinta, y tiene riesgo de aborto y la está llevando a yoga, por no se que historia de la respiración.
Yo "na" más que lo miré y le dije: Parece mentira que con ese nombre tan varonil que tienes, Eusebio; seas tan nenaza. Si la parienta está jodia, descanso como se ha hecho toda la vida de Dios, y tú ha hacerlo todo en casa que "pa" eso eres un hombre.Porque es así.
Yo llegué ayer a mi casa y le dije a mi señora: Qué, no hay comida en esta casa o qué. Y me respondió que estaba cansada.
Coño, tiré el plato y... me la llevé a cenar por ahí, porque para eso está uno, para cuidar de los suyos. Le dije a Ramirito: vistase que nos vamos a cenar.
Y el niño, estaba hablando con la novia. Con la novia.
Pero que es eso de hablar con la novia, sin permiso de los padres de la chiquita. Le dije: Cuelga el cacharro ese, que vas a ver animales sin estar en el zoológico. Y vistete.
Y me sale el niño con  unas pintas, vestido de negro, porque dice que es gótico. Coño, tuve que buscar en el diccionario lo que era. Lo miré, y le dije: Después usted y yo hablamos, que su santa madre esta mala.
Al día siguiente, fui con él a pedirle permiso al padre de la muchachita, y para que supiese que somos gente seria, y que si la niña... vamos que si hay algo raro, aquí está Lorenzo para asumir lo que haga falta.
"Pa" decir la verdad, al padre de la chiquita lo vi un poco nenaza, con unas pintas raras, vamos que iba con la edad que tiene en camiseta y un pendiente en la oreja. Pero yo soy el padre del novio, y respeto cualquier casa cristiana.Ahora... cuando salí le dije a Ramirito: Coño Ramirito, no había otro suegro, joder, que se me van a contaminar los genes de mis nietos y me van a salir raros. Porque de eso de estar cambiando de novia na de na. Uno escoge una mujer "pa" toda la vida.
De allí nos fuimos al cementerio pa darle una lección seria. Lo lleve a ver el panteón familiar, lo paré delante de la foto de los mayores y le dije:
Tú ves a tú abuelo, bisabuelo, tío o demás pariente vestido de negro... Pues no.¿Como van? con su patilla y su camisa a cuadros, como manda la tradición. Y usted, no va hacerme quedar mal, delante de la familia, así que mañana se me quita esas pintas y las quema.
Y el niño, va y me suelta que soy un dinosaurio y un machista.
Lo miré, y le dije: Lo primero se lo que es, lo segundo no. Pero si lleva patillas y camisa a cuadros, entonces es de los mios, y tira pa casa que te voy a meter una que te va a dejar la oreja comunicando, que hay que hacer la comida que tu madre sigue mala, y con la conversadera se han hecho las doce del medio día y los hombres comen a las dos de la tarde en punto, como manda la tradición de toda la vida de Dios.
La daga pensante.

domingo, 11 de septiembre de 2011

El juego de lo incierto.

La noche, se convirtió en un infierno para Karla. Era dificil conciliar el sueño, con esa sensación de frío que recorría su cuerpo, la soledad la ahogaba, estrangulandola con irregulares pesadillas.
La televisión, fue su consuelo mientras veía el discurrir de las horas, con la impaciencia de un condenado que espera su muerte.
El reloj rompió el silencio, sobrecogiendo su alma, marcaba las siete cincuenta de la mañana, hora  de marchar al trabajo.
Karla se incorporó del sofá y se adentró al baño, no dejaba de repasar en su mente aquellas pesadillas irregulares donde conocía el horror de su propia muerte.
Otra vez, aquel escalofrío invadió su cuerpo, rompió a cantar para desterrar la angustia que sentía. El timbre de su puerta vino al rescate, se envolvió en una toalla y se apresuró a contestar. Del otro lado del telefonillo nadie contestaba, miró a través de la ventana y la calle estaba desierta. Se encogió de hombros y se vistió.
Un café bien cargado, vino a revitalizar sus vidriados ojos. Besó la foto de su ya desaparecido padre, abrió la puerta y se dirigió rumbo al trabajo. Comenzaba el día para ella.
La calle estaba vacía, cosa normal a esas horas, y algo a lo que Karla estaba acostumbrada. Ella llevaba años haciendo el mismo recorrido, pero hoy era distinto, sus sentidos estaban alerta y el miedo se apoderaba de su cuerpo sin razón aparente. Dobló la esquina y se dirigió a coger el metro que la conduciría al bloque de oficinas donde trabajaba, cuando de repente apareció él.
El hombre que durante la noche la atormento con irregulares pesadillas. Ese hombre de mirada perdida y rostro duro, con una fina barba de día y medio. El extraño personaje le preguntó por una dirección, su idioma era distinto, quizás del este, pensó Karla, mientras observaba el dedo que indicaba un lugar en el mapa. Karla sonrió amablemente, tenía la intención de indicarle hacia donde debía dirigirse, cerca de allí había una oficina de atención al turista. Cuando de repente la brisa le entregó un olor intenso a azufre. Volvía de nuevo esa extraña sensación, levantó la vista, moviendo la cabeza en señal de negación y aceleró su paso.
Quince pasos había dado ya, cuando decidió voltear la cabeza, descubriendo que el extraño caballero seguía tras ella con una sonrisa irónica y ese intenso olor a azufre. Pensó en correr, pero sus piernas no le respondieron. Llamaré a alguien, se dijo, pero su movil se había quedado sin batería. ¿Qué hacer?
La desesperación invadia su consciente, haciendola presa fácil de lo incierto. Un cruel rayo, dejó la iluminada calle a oscuras. Todo su cuerpo se paralizó, sentía como los edificios cerraban sus pasos, tocó su corazón y no sintió su latir. La vida se le escapaba, como en aquellas irregulares pesadillas.
Algo tocaba su hombro, era él, el caballero extraño.La tenía en sus brazos, su miedo ya no existía. La adrenalina lo apagaba, no sentía nada, solo una rabía incontrolada.
Estaba cansada de huir de aquel reflejo, su cuerpo reaccionó de manera involuntaria. Un bilico vómito recorrió su garganta, derramandose con violencia sobre su ropa. Las lágrimas recorrian sus mejillas rojizas de tanto calor. Aquel ser extraño la seguía teniendo atrapada entre sus brazos, arrastrandola a un infierno del que no podía escapar.
Con el asa de su cartera rodeó el cuello del extraño ser, y revolviendose con una agilidad boetica, comenzó a ahogar al extraño de olor a azufre.
Notaba como se apagaba su aliento mientras luchaba por deshacerse de su horca constricta. La energía que desprendía aquel extraño ser la hacía más fuerte.
Sintió un intenso olor que no era azufre, aquel ser se había defecado, ya no se resistía. Karla soltó suavemente el asa que rodeaba el cuello del hombre de olor a azufre, estaba tranquila, serena, con una leve sonrisa, había burlado el cruel destino que la esperaba desgarrante en irregulares pesadillas.
La conciencia le volvía, ya no estaba inerte, ni se sentía enagenada, todo había pasado o no.

La avenida recobró la luz y otra realidad aparecía. Karla yacía en el suelo, defecada, vomitada y con un extraño lazo hecho con el asa de su propia cartera.
Nunca hubo un caminante extraño, su mente la llevó a sucumbir a sus miedos, haciendola presa de su propia violencia. Su materia yacía muerta en medio de un río incesante de curiosos, mientras su espectro vagaba errante lleno de rabia y frustración, atormentandose mientras recordaba aquellas intermitentes pesadillas.
La daga pensante.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Soy yo.

Soy la maldad que aqueja el mundo, la razón de ser del inconsciente.
Soy sol, soy luna, universo, constelación, estrella, planeta inerte en galaxia lejana.
Soy aventura, temor, realidad, fantasía.
Soy el alma del aguerrido, del cobarde, del valiente y del poeta.
Lírica incesante de batallas, sangre, tierra, agua, fuego.
Soy la sonrisa del caído que desesperado ve yacer a su lado la ruina, la arrogancia de la conquista y el terror supremo de los pueblos vencidos.
Soy espíritu propio, religión, versículo convertido en Dios elevado a los altares terrenales para descender cual profecía a lo oscuro, lo abstracto, lo indomino.
Perpetua esclavitud del inframundo convertido en diablo, siervo, anclado en el egoísmo y la avaricia desmedida, volteadas sobre fieles fracasos y derrotas.
Soy imperio, recuerdo e historia.
Soy leyenda escrita en tinta y llanto, vanguardia de estandartes culpables de tanto sufrimiento y exterminio.
Soy la conciencia que acalla a aquel, que lejano ve al pueblo que dirige convertido en un ser solitario, frío, impropio e inerte.
Soy el padre, el hijo, la sombra de la duda, la razón de ser de lo eterno, lo invisible, lo que se teme y se aleja, lo que se acerca y se aparta.
Soy el cuerpo, el alma, la voz, la conciencia.
Soy la vida que nace y muere.
Soy la sabia decisión del destino.
Soy el camino del errante.
Soy el puerto, el barco, el mar, la brújula donde nace el pensamiento que evoluciona al hombre, la razón de ser de todo lo que abunda en este planeta y su consecuencia.
Soy simple y a la vez compleja. Vivo en ti, y en él, en ellos.
Soy inconsciente, incesante, lleno de caminos y encrucijadas.
Soy la vida del científico, del filósofo, del general, del poeta y del cantor su razón de ser, su existencia primaria.
Soy más que Dios, porque yo soy el verdadero ser supremo.
Soy lo que buscas y no encuentras.
 
                                               SOY LA IDEA.

La daga pensante.