sábado, 29 de octubre de 2011

La pianista de las notas mudas.

Disfrutaba viendo a mi madre oler las azucenas antes de cada concierto, como si el aroma de las flores calmaran su ansiedad.
Disfrutaba viéndola vestir sus trajes de fina seda, mientras tarareaba alguna canción. Cada noche, besaba mis mejillas y me recitaba una poesía antes de salir al escenario. Después con paso firme, casi marcial, iba al encuentro de su gigantesco piano, aguantando la respiración unos segundos, y como ella el público en platea también enmudecía, tras estallidos espontáneos de aplausos.
Sus finas manos acariciaban las teclas de aquel gigantesco piano, y las teclas le regalaban inolvidables melodías. Bella fusión entre piano y pianista, armonía lírica propia del que ama el arte de expresarse en corcheas y semi corcheas.
Escucharla, era como contemplar un cuadro o leer un mágico poema. Las melódicas notas transportaban al oyente a un mundo espiritual lleno de enigmáticas emociones, despertando sueños sensoriales más allá de la profundidad poética.
El público en platea, se entregaba a una mujer y un piano, convertidos en mágicos amantes de la lira.
Disfrutaba viendo a mi madre y a su universo de siete notas.
Hoy mi madre vive presa del castigo de los años, mirando un horizonte e intentando descubrir desde la soledad de su silla de ruedas, a un publico inexistente al cual les regala una sonrisa mental. Como mentalmente sigue oliendo sus azucenas, y dirigiéndose con aire marcial al encuentro de su gigantesco piano. En los ojos donde habitaba la admiración, hoy corren lágrimas al ver como la diosa de las corcheas y semi corcheas, articula sus manos en un piano imaginario, arrancando mudas melodías, mientras el Alzheimer devora su rítmica vida.
Triste destino, cruel final para la amante de la lira, la mujer que entre finas caricias, arrebataba al frío marfil melódicas notas que transportaba al publico en platea a un mundo de sueños y fantasía.

La daga pensante.

5 comentarios:

  1. ¡Qué bella composición! Mezclas de maravilla el pasado de aplausos y alborozo al son de una música tan progidiosa como la que dimana de un piano, con el presente cruel e implacable, abatido por la terrible enfermedad del Alzheimer, horrible enfermedad degenerativa. Me encanta la música del piano, del saxo, el arpa y los violines. La foto ¿no es de un cuadro de Eugenio Salvador Dalí? Me encanta ese pintor. Saludos.

    VÍCTOR VIRGÓS. BLADERUNNER-SIRENAS-IN-LOVE.BLOGSPOT.COM

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  2. Mis dos abuelas, que en paz descansen, en sus últimos días, ya no reconocían a nadie, apenas sí conservaban recuerdos de su vida pasada, eran, en cierto modo, partituras sin sinfonía. Toda una vida erradicada de golpe. Debe ser terrible llegar a esa edad tan avanzada y sentir como poco a poco toda tu vida va desapareciendo de tu propia memoria. Buen artículo. Saludos

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  3. El alzheimer es una enfermedad cruel ,que arrebata lo mas preciado en el ser humano,sus recuerdo.Siento mucho lo de tus dos abuelitas,ya que he trabajado durante años con personas que tenian esta enfermedad y duele mucho ver como se van quedando como un folio en blanco,donde cada dia hay que intentar escribir un poco de su historia pasada,con la frustada realidad de que nunca se consigue llegar al mañana con el recuerdo vivo.

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  4. Cuando escucho las nobles notas de un piano,tengo la percepcion,de introducirme en un universo de dulce amargura,como si mi mente reviviese alguna vida pasada,de ahi la historia de esta maravillosa mujer y sus notas mudas.
    En efecto el cuadro es del maravillosos Dali,persona que me sudece en extremo,ya que tenia una personalidad talentosa y compleja a la vez.
    Me es de grato agrado que te haya gustado la historia amigo Victor y la morelaje que encierra.
    Un saludo

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  5. A mí también me encanta Dalí y visité su casa museo en Figueras. Interesante trabajo, para quienes nos gusta el contacto con los demás y ayudar. Gracias por tus palabras sobre mis abuelitas. Cuando veía que no me reconocían ni me entendían, no se enteraban de nada o entraban en bucles de repetir cosas sin sentido, captaba su atención haciendoles leer algo que acababa de escribirles. Esos momentos de efímera recuperación de atención eran como pequeños milagros. En esos momentos breves volvían a ser ellas...

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