miércoles, 14 de agosto de 2013

El juicio de los desafortunados.

Para sentencia, aquellos que no han sido juzgados, dejando en la nada, a los muchos que han sido sentenciados.
Condenados a vagar sin techos, gracias a la penumbrosa retórica, de esos que han sido elegidos por la democracia y el tributo a la libertad sin esperanza.
Para sentencia, la alegórica alusión, al regenerar del sistema, por el sistema... Mientras los indultados, suspiran en colchones de coca- cola, sedientos del trabajo expropiado por nudos de corbatas, que sonrientes exclaman:  "¡Os prometemos, no quitaros más, que la inocente ilusión de vuestros hijos, para saborearlas en finas copas... A la vez que degustamos, vuestras saladas y exquisitas lágrimas!"
Para sentencia, un gobierno inerte repleto de congeladas estatuas, que pausadas observan a las enmudecidas masas vociferar silentes, con educadas pancartas y enfurecidas porras dispuestas en manos de acero, a custodiar la desesperanza.


Somos hijos de un milenio, donde el culpable es libre y el liberto, deambula bajo el acecho de la culpabilidad, tras promulgar la modestia, la honestidad y el amor al trabajo.
"Necios..." nos llaman, los nudos de corbatas.
Estúpidos irracionales espetan, mientras se esconden en sagrados pedestales y sonrientes ven a un pueblo, ahogarse en la juiciosa misión de juzgar, a los que jamás serán juzgados.


La daga pensante.

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