Más allá de los confines del deseo, existía una tierra de verdes valles de pasión. Bañada por cristalinos lagos de ternura, donde el sediento verso encontraba abrigo y consuelo. Una tierra donde reinaba la inocencia, en un hermoso palacio rodeado de bellos jardines coloreados por la luz de la felicidad convertida en sol.
Más allá de los confines del deseo, existía un paraíso donde un día apareció el conquistador desconsuelo, y con pronta autoridad decidió hacer suyo aquel hermoso lugar.
Volviendo gris el cielo, convirtiendo los verdes valles de pasión en secos rastrojos de dudas, contaminando las cristalinas aguas de aquellos lagos de ternura en amargas y turbulentas.
Encerrando a la joven inocencia, princesa regente de aquel hermoso lugar, en un palacio quebradizo donde ya no habitaba el viajero verso, ni las dulces caricias hacían las veces de compañía de cámara.
Todo se volvió oscuro y gris.
Más allá de los confines del deseo ya no reinaba la inocencia, sino el desconsuelo, acompañado de un séquito de cobardes mentiras. Destruyendo todo lo bello, sembrando campos de odio y dolor, espinas y ninguna rosa.
Triste lugar donde el recuerdo vaga y la esperanza añora.
Triste lugar donde ya no se asoma el viajero verso, ni brilla la luz de la felicidad.
Triste lugar donde la inocencia, convertida en esclava del desconsuelo ,llora aquellos días donde su reino era un paraíso, más allá de los confines del deseo.
La daga pensante.
Más allá de los confines del deseo, existía un paraíso donde un día apareció el conquistador desconsuelo, y con pronta autoridad decidió hacer suyo aquel hermoso lugar.
Volviendo gris el cielo, convirtiendo los verdes valles de pasión en secos rastrojos de dudas, contaminando las cristalinas aguas de aquellos lagos de ternura en amargas y turbulentas.
Encerrando a la joven inocencia, princesa regente de aquel hermoso lugar, en un palacio quebradizo donde ya no habitaba el viajero verso, ni las dulces caricias hacían las veces de compañía de cámara.
Todo se volvió oscuro y gris.
Más allá de los confines del deseo ya no reinaba la inocencia, sino el desconsuelo, acompañado de un séquito de cobardes mentiras. Destruyendo todo lo bello, sembrando campos de odio y dolor, espinas y ninguna rosa.
Triste lugar donde el recuerdo vaga y la esperanza añora.
Triste lugar donde ya no se asoma el viajero verso, ni brilla la luz de la felicidad.
Triste lugar donde la inocencia, convertida en esclava del desconsuelo ,llora aquellos días donde su reino era un paraíso, más allá de los confines del deseo.
La daga pensante.





